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¡MUÉVETE¡

 

Desde el año 2016 y en (peligroso) ascenso años tras año, existe una preocupación de escala global: las personas han dejado de moverse. El sedentarismo se ha vuelto una cuestión de salud pública que, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), afecta al 23% de los adultos y el 81% de la llamada Generacion Z.

 

Aunque estamos cansados de escuchar que realizar cualquier actividad física mejora significativamente la calidad de vida y el propósito de comenzar a ser más activos ocupa el Top 10 de “propósitos de año nuevo”, seguimos sin hacer nada al respecto. Tal parece que son pocos los que se animan a dar el primer paso o logran mantener la constancia tras el tristemente célebre “este lunes empiezo”.





 

 

 

 

La mejor manera de lidiar con una nueva forma de relacionarnos con nosotros es estableciendo metas pequeñas, ser más realistas y comenzar a implementar cambios de forma progresiva en nuestro día a día.

 

El clásico: date los consejos que le darías a otros. Sin importar la actividad o el tiempo que se le dedique, lo único que vale es la determinación, el autocuidado y la disciplina.




 

 

 

En ese sentido la invitación es una sola ¡Muévete!, entendiendo que moverse puede ser cualquier actividad que te permita reconectar con el ejercicio físico como fuente de bienestar.

 

Elige caminar distancias cortas, trasládate en bicicleta, baila media hora en la sala, reemplaza el ascensor por las escaleras, toma tiempos en el día para activarte, planea fines de semana con actividades al aire libre y, si puedes incluirlo en tú día a día, programa algunas horas semanales en el gimnasio. Si repites un patrón de manera constante se convertirá en un nuevo hábito, más saludable, que se incorporará sin mayor esfuerzo a la cotidianidad.

 

 

 

Mantenerse activos disminuye nuestro riesgo de sufrir enfermedades, permite controlar el peso, libera toxinas, mejorar el estado de ánimo, disminuye la ansiedad y controla el estrés mediante la secreción de endorfinas (la hormona de la felicidad). 

Planificar y  tomar la decisión de moverse – al ritmo propio, pero moverse –  aprovechando los espacios disponibles alrededor, inclinarse por alimentos más saludables e hidratarse constantemente, son las tres reglas fundamentales para ir en contra del desgaste cotidiano. 

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